En México también hay acusasiones de terrorismo, es a dos usuarios de Twitter por enviar un mensaje sobre rumores posibles de tiroteos, lo cual ocasionó pánico en la ciudad, esto viene a que nos hagamos la pregunta como ciudadanos ¿A que tenemos derecho?, por que tal parece que ya perdimos hasta el derecho de libre expresión.
Esto nos recuerda un poco a lo que contesta Julian Assange y lo que dice Zizek sobre ¿Qué es su " terrorismo" comparado con el terrorismo cotidiano que simplemente aceptamos que las cosas sigan como estàn?.......Terrorismo es estrictamente como reacciòn a un terrorismo mucho màs fuerte que ya esta aquí...... si ellos son terroristas ¿ què son los que acusan de terrorismo?"
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viernes 9 de septiembre de 2011
miércoles 3 de agosto de 2011
LA MINUTA DE SEGURIDAD
Sicilia ve la minuta sobre la ley de Seguridad como una traición, es un hecho que no podemos negar que este hombre durante muchos años ha opinado sobre la situación del país, hoy se le acusa de que si no fuera por su hijo víctima de la guerra contra el narcotráfico no haría ninguna caravana, lo que si podemos criticar es que es un tanto ingenuo al creer que las cosas tomarían otro camino, y que la reunión que tuvo con el presidente marcaría la diferencia, Calderón pidió disculpas a las víctimas pero en su discurso jamás ha dicho que se va a desistir sobre el término de esta guerra. Esta guerra se la compramos a Estados Unidos, ellos nos envían armas para que se efectúe esta guerra, algunas llegaron de forma misteriosa, se mencionó que se recuperaron 800 armas de la operación rápido y furioso de las 2,000 y todo eso nos lo creemos, creo que necesitamos lentes y aparatos auditivos para poder filtrar mejor la información.
Lo que si vemos es que la militarización continúa, hoy el ejército puede entrar libremente a tu casa y los dejamos pasar, no hay ninguna objeción, los vemos en las calles, los vemos como poco a poco el ejército toma un lugar importante dentro de nuestra sociedad, silenciosamente están dentro de nuestras vidas, no se habla de eso, se justifica como algo primordial apoyarlos para que el “éxito “de esta guerra sea duradero…. Eso es lo que se dice. Algunos dicen que Sicilia va en el camino correcto, que está aprendiendo en este activismo político democrático, en el que se pasa del dolor a la indignación, al de la expresión del enojo y que de ahí se pasará a la organización de la población y así recetas van y vienen pero no se dice cómo se organiza a una población que se encuentra escondida muerta de miedo, so pretexto de la inseguridad que es real pero la cual nos ha secuestrado y que nos impide avanzar, nuestra vida cotidiana está cambiando, en un lapso de dos años, la vida se ha visto trastocada, ya no tenemos la confianza siquiera de estar fuera de nuestra casa, o el de reunirnos, a veces la situación continúa sin ningún hecho violento y de nuevo salimos, observando el panorama creyendo que la situación volvió a ser como antes, pero esto dura muy poco, en esta “guerra”, tal parece que la consigna es que volvamos de nuevo a escondernos ante cualquier señal que nos espante.
Lo que si vemos es que la militarización continúa, hoy el ejército puede entrar libremente a tu casa y los dejamos pasar, no hay ninguna objeción, los vemos en las calles, los vemos como poco a poco el ejército toma un lugar importante dentro de nuestra sociedad, silenciosamente están dentro de nuestras vidas, no se habla de eso, se justifica como algo primordial apoyarlos para que el “éxito “de esta guerra sea duradero…. Eso es lo que se dice. Algunos dicen que Sicilia va en el camino correcto, que está aprendiendo en este activismo político democrático, en el que se pasa del dolor a la indignación, al de la expresión del enojo y que de ahí se pasará a la organización de la población y así recetas van y vienen pero no se dice cómo se organiza a una población que se encuentra escondida muerta de miedo, so pretexto de la inseguridad que es real pero la cual nos ha secuestrado y que nos impide avanzar, nuestra vida cotidiana está cambiando, en un lapso de dos años, la vida se ha visto trastocada, ya no tenemos la confianza siquiera de estar fuera de nuestra casa, o el de reunirnos, a veces la situación continúa sin ningún hecho violento y de nuevo salimos, observando el panorama creyendo que la situación volvió a ser como antes, pero esto dura muy poco, en esta “guerra”, tal parece que la consigna es que volvamos de nuevo a escondernos ante cualquier señal que nos espante.
miércoles 1 de junio de 2011
El caso de la maestra que pone a cantar a los niños en un Kinder frente a un tiroteo
La violencia que se vive en Monterrey y su AMM se ha convertido en parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, pero lamentablemente esta ha ido evolucionando cada día y esta es más destructiva y avanza de una forma acelerada, los datos estadísticos nos muestran como en este año de 2011 el número de personas que han muerto por la guerra contra el narcotráfico superan a las del total del año 2010, pero estas estadísticas no solo nos dan la representación cuantitativa de una realidad social, esta de igual forma nos devuelve al conjunto de la sociedad una imagen que se codifica a si misma .Hay que seguir luchando para que no nos acostumbremos a ver esto como algo normal.
viernes 13 de mayo de 2011
LOS FUTUROS QUE VIENEN DE DAVID DE UGARTE..... MAS QUE EXCELENTE.
http://lasindias.org/los-futuros-que-vienen
El resultado es un impasse en el que lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, pero en el que las condiciones que harían posible salir adelante se desmoronan: la descomposición. Un fenómeno global que se lleva por delante estados enteros, destruye las bases del mercado y la cohesión social y se alimenta de las zonas de sombra dejadas por un estado cada vez más autoritario, que ha sido capturado por los intereses que más temen la apertura de las reglas de juego.
En otras palabras: la descomposición se manifiesta cuando el capitalismo que viene no tiene fuerza suficiente para imponerse frente a un estado nacional capturado por los sectores que dependen de él para mantenerse, pero el estado nacional -sobrecargado por ellos- tampoco tiene ya fuerza para mantener intactas las bases tradicionales de cohesión social en una globalización controlada.
Para hacer el cuadro aún más desesperanzador, la promesa de las redes distribuidas tampoco se ha desarrollado como nos hubiera gustado. La llamada web 2.0, contemplada en perspectiva, no ha sido sino una regresión hacia formas de socialización centralizadas y controlables, jaleadas por los medios e impulsadas por unas cuantas grandes empresas cuyo objetivo último es asegurar un espacio propietario, a cubierto de los efectos de la disipación de rentas. Las consecuencias culturales de esta contrarrevolución tecnológica son casi inmediatas: la conversación en la red se renacionaliza, el espacio deliberativo distribuido se contrae y la explosión de identidades, agendas y pequeñas economías comunitarias transnacionales se ve puesta en cuestión. El horizonte es aún más oscuro: el estado apuesta cada vez más abiertamente por la destrucción de la neutralidad de la red y la captura, por las operadoras, de su potencialidad global de mercado.
Cuando buscamos qué sujetos colectivos pueden enfrentar este proceso global nos encontramos con que el impacto de las tres promesas sobre las grandes corrientes ideológicas del mundo anterior ha sido insuficiente, cuando no contradictorio: los descendientes globalizados y distribuidos de la derecha y la izquierda del siglo XX siguen atados a una lógica de pensamiento -el universalismo- que sin duda fue muy progresivo en los albores del capitalismo industrial, pero que hoy alimenta la descomposición hasta sus últimas consecuencias.
Finalmente, los nuevos sujetos emergidos de la descomposición son agentes multiplicadores de la descomposición misma: redes como alQaeda, maras y organizaciones criminales transnacionales, se superponen a los apóstoles de un pesimismo generalizado. Incapaces de creer en un futuro nacido de la evolución del status quo, sectores enteros de la sociedad asumen utopías arcaizantes y catastrofistas que rechazan los fundamentos del bienestar.
Es natural que crezca sin parar la desconfianza hacia un estado cada vez más disciplinario, empeñado en defender a sus redes clientelares frente a la sociedad abierta. El rumor social recuerda, cada vez más, a la desanimada mirada de la población rusa durante los años finales del totalitarismo soviético. Hace poco John Robb se planteaba en voz alta19:
¿Qué sistema social, político y económico puede al mismo tiempo protegerte de los excesos de un incontrolable y turbulento sistema global y mejorar tu calidad de vida? Una cosa está clara, los fallidos estados nacionales no son la respuesta. Son meras líneas en un mapa. Muebles en el solar de la economía global. Fáciles de manipular y dar forma a tu gusto si cuentas con el dinero suficiente. Salas de estar de conveniencia para los numerosos okupas que parasitan la economía global.
La difuminación del horizonte del capitalismo que viene y sus consecuencias no han pasado tampoco desapercibidas. Peter Thiel, creador de Paypal y primer accionista de Facebook, afirmaba, en una entrevista para el primer número de 2010 de la revista Wired20, que la enorme innovación del último siglo no se va a mantener sólo por inercia. Aseguraba que, sin el crecimiento fruto de esa innovación continua, las diferencias sociales del capitalismo se tornarán insoportables. Cerraba el mensaje afirmando que el presente parece carecer de un relato sobre el futuro capaz de impulsar el cambio tecnológico y social como lo hicieran la fe en el progreso durante el siglo XIX, la idea del bienestar en la postguerra mundial o la promesa de las redes distribuidas en los noventa.
Thiel y Robb forman parte de una amplia corriente de pensadores tecnófilos que, ante la perspectiva de un desarrollo acelerado de la descomposión durante la crisis económica, vuelven su mirada hacia las comunidades reales nacidas de la socialización en Internet.
Es posible un futuro cercano en el que las presiones sociales de la Segunda Gran Depresión deshollen el contrato social en las democracias occidentales y que la única salida, al menos para aquellos que no queremos permanecer pasivos, sea construir algo nuevo. Una comunidad resiliente que pueda protegernos y mantenernos. Una comunidad que pueda proporcionar prosperidad y un futuro que merezca la pena. Una comunidad que pueda competir con éxito a nivel global al tiempo que protege a sus miembros de la desnaturalización de una mano invisible desatada.21
Cada cual propone distintas fórmulas para la resiliencia, aunque algunos ingredientes, o cuando menos intereses, son recurrentes: conocimiento libre en red, comercio global de inmateriales, producción física en la proximidad. Algunos retornan a una visión territorial de lo local. Surgen grupos como Open Source Ecology, que optan por generar un repositorio de hardware libre para explotaciones rurales: desde tractores a palas excavadoras libres de patentes y construibles a bajo coste.
Otros, como Thiel, siguen pensando en cambiar el mundo, en volver a poner en marcha los motores que impulsan el capitalismo que viene. Pero no encuentran otra herramienta para ello que dar soporte a comunidades transnacionales que se sitúen -literalmente- fuera de los estados22.
Por otro lado, la idea de la filé, nacida en el mundo latoc pero con cada vez más eco en el anglomundo sigue representando algo más sofisticado -transnacional, sostenida sobre una estructura económica democrática y sin otra aspiración territorial que disponer de cómodos espacios de comercio y trabajo en ciudades no demasiado afectadas por la descomposición-, conserva el liberador espíritu mercader de la globalización de los pequeños, mientras mantiene las condiciones necesarias para organizar una economía real sobre una ética hacker del trabajo.
En lo que hoy podemos ver como el testamento político del ciberpunk literario23, Bruce Sterling se planteaba cómo sería un nuevo movimiento político del siglo XXI y remarcaba como
antes que nada este movimiento necesitaría una ideología genuinamente nueva (…) que no necesita parecer política en el sentido tradicional, podría parecer tan tonta y excéntrica como al principio parecía el feminismo. (…) Podría llevarnos algún tiempo darnos cuenta de que los padres del movimiento no son seres estrafalarios, que incluso, han pensado profundamente sus temas y son serios sobre sus cuestiones. Con el paso del tiempo podrían verse ganando importantes discusiones y atrayendo adherentes intelectualmente serios.
Es realmente lo que estamos viendo a partir de todas estas líneas de pensamiento y comunidades que han optado por pensar desde y para la comunidad real. Pensar el mundo desde un conjunto de personas con nombres y apellidos, que siempre estuvo ahí y que podemos procesar y entender sin reducir nuestra razón y nuestros afectos a meras abstracciones, puede parecer tonto, incluso excéntrico, pero tras casi trescientos años de Ilustración, revolución industrial y nacionalismo, suena genuinamente nuevo.
Sterling imagina una estrategia para su platónico movimiento de la Era distribuida que, vista desde casi una década de distancia, resulta casi profética:
Este movimiento debería ser proglobalizador y multilateralista. No le gustaría localizarse en un solo estado nacional, dado que los gobiernos nacionales están severamente limitados y que los llamamientos al patriotismo local son autolimitativos. (…) Este movimiento encontrará sus primeras bases de poder fuera de las naciones: en ciudades, en ONG’s y en empresas globales dentro y fuera del sector lucrativo- en casi cualquier sitio no envenenado por el agotamiento de la política tradicional. (… ) Los muy ricos se ven poco incumbidos por los estados nacionales. Los desposeidos los temen y desconfían de ellos. (…) Si el capital se mueve por el globo y es seguido por una amplia multitud de desarraigados que de alguna manera son representados por ese dinero, podría significar una nueva coalición de fuerzas genuinamente globalizadoras.
Esta estrategia no puede dejar de resultarnos familiar, aunque hoy quizás lo expresaríamos de otra forma. Pero en cualquier caso, más allá de profecías y tendencias, la importancia de todo este magma, cuyo principal elemento en común es la superación del universalismo de la Modernidad, no reside en las formas concretas del futuro que cada una de las comunidades persigue para sí misma.
Como hemos visto, el futuro fue la primera víctima de las redes distribuidas. El futuro como teleología universal, como esperanza igual para todos, ha muerto. Y la descomposición no puede resucitarlo. En su lugar tenemos una multitud de futuros sintéticos, enarbolados por cada comunidad real para si y a su medida. Al menos en esas comunidades que han sabido dotarse de una estructura económica y en las que lo hagan a partir de ahora.
Por el contrario, lo importante está en el ADN común que las une y les revela unos progenitores comunes: las promesas de la globalización y las redes distribuidas. Su tendencia a la interconexión distribuida y a la negación práctica de las fronteras nacionales es, precisamente, la que está dando materialidad a aquellas expectativas abiertas por Internet y la caída de los bloques del siglo XX. El bazar virtual será, sin duda, el futuro particular donde las expectativas pluriárquicas de entonces se harán realidad y el capitalismo que viene no será un nuevo Godot.
Las resistencias de los viejos poderes a la globalización y las redes distribuidas nos han legado el dramático panorama de la descomposición mundializada. Pero, en ese mapa de razones para el pesimismo brillan, oponiendo postmodernidad a descomposición, la reemergencia de la comunidad humana real y la crisis del universalismo. Son algo más que una buena noticia, son los cimientos de un nuevo mundo y con toda seguridad, de unos cuantos futuros que merecen la pena.
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El resultado es un impasse en el que lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, pero en el que las condiciones que harían posible salir adelante se desmoronan: la descomposición. Un fenómeno global que se lleva por delante estados enteros, destruye las bases del mercado y la cohesión social y se alimenta de las zonas de sombra dejadas por un estado cada vez más autoritario, que ha sido capturado por los intereses que más temen la apertura de las reglas de juego.
En otras palabras: la descomposición se manifiesta cuando el capitalismo que viene no tiene fuerza suficiente para imponerse frente a un estado nacional capturado por los sectores que dependen de él para mantenerse, pero el estado nacional -sobrecargado por ellos- tampoco tiene ya fuerza para mantener intactas las bases tradicionales de cohesión social en una globalización controlada.
Para hacer el cuadro aún más desesperanzador, la promesa de las redes distribuidas tampoco se ha desarrollado como nos hubiera gustado. La llamada web 2.0, contemplada en perspectiva, no ha sido sino una regresión hacia formas de socialización centralizadas y controlables, jaleadas por los medios e impulsadas por unas cuantas grandes empresas cuyo objetivo último es asegurar un espacio propietario, a cubierto de los efectos de la disipación de rentas. Las consecuencias culturales de esta contrarrevolución tecnológica son casi inmediatas: la conversación en la red se renacionaliza, el espacio deliberativo distribuido se contrae y la explosión de identidades, agendas y pequeñas economías comunitarias transnacionales se ve puesta en cuestión. El horizonte es aún más oscuro: el estado apuesta cada vez más abiertamente por la destrucción de la neutralidad de la red y la captura, por las operadoras, de su potencialidad global de mercado.
Cuando buscamos qué sujetos colectivos pueden enfrentar este proceso global nos encontramos con que el impacto de las tres promesas sobre las grandes corrientes ideológicas del mundo anterior ha sido insuficiente, cuando no contradictorio: los descendientes globalizados y distribuidos de la derecha y la izquierda del siglo XX siguen atados a una lógica de pensamiento -el universalismo- que sin duda fue muy progresivo en los albores del capitalismo industrial, pero que hoy alimenta la descomposición hasta sus últimas consecuencias.
Finalmente, los nuevos sujetos emergidos de la descomposición son agentes multiplicadores de la descomposición misma: redes como alQaeda, maras y organizaciones criminales transnacionales, se superponen a los apóstoles de un pesimismo generalizado. Incapaces de creer en un futuro nacido de la evolución del status quo, sectores enteros de la sociedad asumen utopías arcaizantes y catastrofistas que rechazan los fundamentos del bienestar.
Es natural que crezca sin parar la desconfianza hacia un estado cada vez más disciplinario, empeñado en defender a sus redes clientelares frente a la sociedad abierta. El rumor social recuerda, cada vez más, a la desanimada mirada de la población rusa durante los años finales del totalitarismo soviético. Hace poco John Robb se planteaba en voz alta19:
¿Qué sistema social, político y económico puede al mismo tiempo protegerte de los excesos de un incontrolable y turbulento sistema global y mejorar tu calidad de vida? Una cosa está clara, los fallidos estados nacionales no son la respuesta. Son meras líneas en un mapa. Muebles en el solar de la economía global. Fáciles de manipular y dar forma a tu gusto si cuentas con el dinero suficiente. Salas de estar de conveniencia para los numerosos okupas que parasitan la economía global.
La difuminación del horizonte del capitalismo que viene y sus consecuencias no han pasado tampoco desapercibidas. Peter Thiel, creador de Paypal y primer accionista de Facebook, afirmaba, en una entrevista para el primer número de 2010 de la revista Wired20, que la enorme innovación del último siglo no se va a mantener sólo por inercia. Aseguraba que, sin el crecimiento fruto de esa innovación continua, las diferencias sociales del capitalismo se tornarán insoportables. Cerraba el mensaje afirmando que el presente parece carecer de un relato sobre el futuro capaz de impulsar el cambio tecnológico y social como lo hicieran la fe en el progreso durante el siglo XIX, la idea del bienestar en la postguerra mundial o la promesa de las redes distribuidas en los noventa.
Thiel y Robb forman parte de una amplia corriente de pensadores tecnófilos que, ante la perspectiva de un desarrollo acelerado de la descomposión durante la crisis económica, vuelven su mirada hacia las comunidades reales nacidas de la socialización en Internet.
Es posible un futuro cercano en el que las presiones sociales de la Segunda Gran Depresión deshollen el contrato social en las democracias occidentales y que la única salida, al menos para aquellos que no queremos permanecer pasivos, sea construir algo nuevo. Una comunidad resiliente que pueda protegernos y mantenernos. Una comunidad que pueda proporcionar prosperidad y un futuro que merezca la pena. Una comunidad que pueda competir con éxito a nivel global al tiempo que protege a sus miembros de la desnaturalización de una mano invisible desatada.21
Cada cual propone distintas fórmulas para la resiliencia, aunque algunos ingredientes, o cuando menos intereses, son recurrentes: conocimiento libre en red, comercio global de inmateriales, producción física en la proximidad. Algunos retornan a una visión territorial de lo local. Surgen grupos como Open Source Ecology, que optan por generar un repositorio de hardware libre para explotaciones rurales: desde tractores a palas excavadoras libres de patentes y construibles a bajo coste.
Otros, como Thiel, siguen pensando en cambiar el mundo, en volver a poner en marcha los motores que impulsan el capitalismo que viene. Pero no encuentran otra herramienta para ello que dar soporte a comunidades transnacionales que se sitúen -literalmente- fuera de los estados22.
Por otro lado, la idea de la filé, nacida en el mundo latoc pero con cada vez más eco en el anglomundo sigue representando algo más sofisticado -transnacional, sostenida sobre una estructura económica democrática y sin otra aspiración territorial que disponer de cómodos espacios de comercio y trabajo en ciudades no demasiado afectadas por la descomposición-, conserva el liberador espíritu mercader de la globalización de los pequeños, mientras mantiene las condiciones necesarias para organizar una economía real sobre una ética hacker del trabajo.
En lo que hoy podemos ver como el testamento político del ciberpunk literario23, Bruce Sterling se planteaba cómo sería un nuevo movimiento político del siglo XXI y remarcaba como
antes que nada este movimiento necesitaría una ideología genuinamente nueva (…) que no necesita parecer política en el sentido tradicional, podría parecer tan tonta y excéntrica como al principio parecía el feminismo. (…) Podría llevarnos algún tiempo darnos cuenta de que los padres del movimiento no son seres estrafalarios, que incluso, han pensado profundamente sus temas y son serios sobre sus cuestiones. Con el paso del tiempo podrían verse ganando importantes discusiones y atrayendo adherentes intelectualmente serios.
Es realmente lo que estamos viendo a partir de todas estas líneas de pensamiento y comunidades que han optado por pensar desde y para la comunidad real. Pensar el mundo desde un conjunto de personas con nombres y apellidos, que siempre estuvo ahí y que podemos procesar y entender sin reducir nuestra razón y nuestros afectos a meras abstracciones, puede parecer tonto, incluso excéntrico, pero tras casi trescientos años de Ilustración, revolución industrial y nacionalismo, suena genuinamente nuevo.
Sterling imagina una estrategia para su platónico movimiento de la Era distribuida que, vista desde casi una década de distancia, resulta casi profética:
Este movimiento debería ser proglobalizador y multilateralista. No le gustaría localizarse en un solo estado nacional, dado que los gobiernos nacionales están severamente limitados y que los llamamientos al patriotismo local son autolimitativos. (…) Este movimiento encontrará sus primeras bases de poder fuera de las naciones: en ciudades, en ONG’s y en empresas globales dentro y fuera del sector lucrativo- en casi cualquier sitio no envenenado por el agotamiento de la política tradicional. (… ) Los muy ricos se ven poco incumbidos por los estados nacionales. Los desposeidos los temen y desconfían de ellos. (…) Si el capital se mueve por el globo y es seguido por una amplia multitud de desarraigados que de alguna manera son representados por ese dinero, podría significar una nueva coalición de fuerzas genuinamente globalizadoras.
Esta estrategia no puede dejar de resultarnos familiar, aunque hoy quizás lo expresaríamos de otra forma. Pero en cualquier caso, más allá de profecías y tendencias, la importancia de todo este magma, cuyo principal elemento en común es la superación del universalismo de la Modernidad, no reside en las formas concretas del futuro que cada una de las comunidades persigue para sí misma.
Como hemos visto, el futuro fue la primera víctima de las redes distribuidas. El futuro como teleología universal, como esperanza igual para todos, ha muerto. Y la descomposición no puede resucitarlo. En su lugar tenemos una multitud de futuros sintéticos, enarbolados por cada comunidad real para si y a su medida. Al menos en esas comunidades que han sabido dotarse de una estructura económica y en las que lo hagan a partir de ahora.
Por el contrario, lo importante está en el ADN común que las une y les revela unos progenitores comunes: las promesas de la globalización y las redes distribuidas. Su tendencia a la interconexión distribuida y a la negación práctica de las fronteras nacionales es, precisamente, la que está dando materialidad a aquellas expectativas abiertas por Internet y la caída de los bloques del siglo XX. El bazar virtual será, sin duda, el futuro particular donde las expectativas pluriárquicas de entonces se harán realidad y el capitalismo que viene no será un nuevo Godot.
Las resistencias de los viejos poderes a la globalización y las redes distribuidas nos han legado el dramático panorama de la descomposición mundializada. Pero, en ese mapa de razones para el pesimismo brillan, oponiendo postmodernidad a descomposición, la reemergencia de la comunidad humana real y la crisis del universalismo. Son algo más que una buena noticia, son los cimientos de un nuevo mundo y con toda seguridad, de unos cuantos futuros que merecen la pena.
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lunes 9 de mayo de 2011
CARTA A BARACK OBAMA
Texto publicado en el Diario Perfil escrito por Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz de 1980 dirigida a Barack Obama:
Estimado Barack:
Al dirigirte esta carta lo hago fraternalmente y a la vez para expresarte la preocupación e indignación de ver cómo la destrucción y muerte sembradas en varios países, en nombre de la “libertad y la democracia”, dos palabras prostituidas y vaciadas de contenido, terminan justificando el asesinato y es festejado como si se tratase de un acontecimiento deportivo.
Indignación por la actitud de sectores de la población de los EE.UU., de jefes de Estado europeos y de otros países que salieron a apoyar el asesinato de Bin Laden, ordenado por tu gobierno y tu complacencia en nombre de una supuesta justicia.
No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda; el objetivo fue asesinarlo.
Los muertos no hablan, y ante el miedo a que el ajusticiado pudiera decir cosas no convenientes para los EE.UU., la salida fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla.
Cuando te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, del cual somos depositarios, te envié una carta que decía: “Barack, me sorprendió mucho que te hayan otorgado el Nobel de la Paz, pero ahora que lo tienes debes ponerlo al servicio de la paz entre los pueblos; tienes toda la posibilidad de hacerlo, de terminar las guerras y comenzar a revertir la grave situación que vive tu país y el mundo”.
Sin embargo has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Irak y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak. Nada de eso has logrado hacer; por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la OTAN y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y está sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes.
La base fundacional de la ONU es la defensa y promoción de la paz y dignidad entre los pueblos. Su preámbulo dice: “Nosotros los pueblos del mundo…”, hoy ausentes de ese alto organismo.
Quiero recordar a un místico y maestro que tiene en mi vida una gran influencia, el monje trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, Tomás Merton, quien dice: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas. Sin esa limpieza doméstica no podemos comenzar a ver. Si no vemos no podemos pensar”.
Eras muy joven Barack durante la Guerra de Vietnam; tal vez no recuerdes la lucha del pueblo norteamericano por oponerse a la guerra.
Los muertos, heridos y mutilados en Vietnam hasta el día de hoy sufren sus consecuencias.
Tomás Merton decía –frente a un matasellos del correo que acababa de llegar, The U.S. Army, key to peace, “El ejército estadounidense, clave de la paz”–: ningún ejército es clave de la paz. Ninguna nación tiene la clave de nada que no sea la guerra. El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumentan los hombres el poder militar, más violan la paz y la destruyen.
He compartido y acompañado a los veteranos de guerra de Vietnam, en particular a Brian Wilson y sus compañeros, quienes fueron víctimas de esa guerra y de todas las guerras.
La vida tiene ese no sé qué de lo imprevisto y sorprendente, de la fragancia y belleza que Dios nos dio para toda la humanidad y que debemos proteger para dejar a las generaciones futuras una vida más justa y fraterna; restablecer el equilibrio con la Madre Tierra.
Si no reaccionamos para cambiar la situación actual de la soberbia suicida, arrastrando a los pueblos a recovecos profundos donde muere la esperanza, será difícil salir y ver la luz. La humanidad merece un destino mejor.
Sabes que la esperanza es como el loto que crece en el fango y florece en todo su esplendor mostrando su belleza. Leopoldo Marechal, ese gran escritor argentino, decía que “del laberinto se sale por arriba”.
Y creo, Barack, que después de seguir tu ruta equivocando caminos, te encuentras en un laberinto sin poder encontrar la salida y te entierras más y más en la violencia, en la incertidumbre, devorado por el poder de dominación, arrastrado por las grandes corporaciones, el complejo industrial militar, y crees tener el poder que todo lo puede y que el mundo está a los pies de los EE.UU. porque impone la fuerza de las armas, e invades países con total impunidad. Es una realidad dolorosa, pero también existe la resistencia de los pueblos que no claudican frente a los poderosos.
Son tan largas las atrocidades cometidas por tu país en el mundo que daría tema para largo, es un desafío para los historiadores que tendrán que investigar y saber de los comportamientos, política, grandeza y pequeñeces que han llevado a EE.UU. al monocultivo de las mentes que no le permite ver otras realidades.
A Bin Laden, supuesto autor ideológico del ataque a las Torres Gemelas, lo identifican como el Satán encarnado que aterrorizaba al mundo y la propaganda de tu gobierno lo señalaba como el “eje del mal”, y eso le ha servido para declarar las guerras deseadas que el complejo industrial militar necesita para colocar sus productos de muerte.
Sabes que investigadores del trágico 11 de septiembre señalan que el atentado tiene mucho de “autogolpe”, como el avión contra el Pentágono y el vaciamiento anterior de las oficinas de las Torres; atentado que dio motivo para desatar la guerra contra Irak y Afganistán y ahora contra Libia; argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo hacen para salvar al pueblo, en nombre de “la libertad y defensa de la democracia”, con el cinismo de decir que la muerte de mujeres y niños son “daños colaterales”. Eso lo viví en Irak, en Bagdad con los bombardeos a la ciudad y el hospital pediátrico, y en el refugio de niños que fueron víctimas de esos “daños colaterales”.
La palabra vaciada de valores y contenido, por lo que al asesinato lo llamas muerte y dices que por fin EE.UU. ha “muerto” a Bin Laden. No trato de justificarlo bajo ningún concepto, estoy en contra de todo terrorismo, tanto de esos grupos armados, como del terrorismo de Estado que tu país ejerce en diversas partes del mundo apoyando a dictadores, imponiendo bases militares e intervenciones armadas, ejerciendo la violencia para mantenerse por el terror en el eje del poder mundial. ¿Hay un solo “eje del mal”? ¿Cómo lo llamarías?
¿Será por ese motivo que el pueblo de los EE.UU. vive con tanto miedo a las represalias de quienes llaman el “eje del mal”? El simplismo e hipocresía de justificar lo injustificable.
La paz es una dinámica de vida en las relaciones entre las personas y los pueblos; es un desafío a la conciencia de la humanidad; su camino es trabajoso, cotidiano y esperanzador, donde los pueblos son constructores de su propia vida y de su propia historia. La paz no se regala, se construye, y eso es lo que te falta, muchacho: coraje para asumir la responsabilidad histórica con tu pueblo y la humanidad.
No puedes vivir en el laberinto del miedo y la dominación de quienes gobiernan los EE.UU., desconociendo los tratados internacionales, los pactos y protocolos, de gobiernos que firman pero no ratifican nada y no cumplen ninguno de los acuerdos, pero hablan en nombre de la libertad y el derecho.
¿Cómo puedes hablar de la paz si no quieres cumplir con nada, salvo los intereses de tu país?
¿Cómo puedes hablar de la libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes, en Guantánamo, en los EE.UU., en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib, y en Afganistán?
¿Cómo puedes hablar de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos cuando los violas permanentemente y bloqueas a quienes no comparten tu ideología y deben soportar tus abusos?
¿Cómo puedes enviar fuerzas militares a Haití después del devastador terremoto y no ayuda humanitaria a ese sufrido pueblo?
¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos del Medio Oriente y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangran a los palestinos e israelíes?
Barack: mira para arriba de tu laberinto, puedes encontrar la estrella que te guíe, aunque sepas que nunca podrás alcanzarla, como bien lo dice Eduardo Galeano.
Busca ser coherente entre lo que dices y haces, es la única forma de no perder el rumbo. Es un desafío de la vida.
El Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, nunca para la vanidad personal.
Te deseo mucha fuerza y esperanza, y esperamos que tengas el coraje de corregir el camino y encontrar la sabiduría de la paz.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2011
Un día como hoy, hace 34 años, volví a la vida; tuve un vuelo de la muerte durante la dictadura militar argentina apoyada por los EE.UU., y gracias a Dios sobreviví y tuve que salir
por arriba del laberinto de la desesperación,
y descubrir en las estrellas el camino para poder decir, como el profeta: “La hora más oscura es cuando comienza el amanecer”.
Estimado Barack:
Al dirigirte esta carta lo hago fraternalmente y a la vez para expresarte la preocupación e indignación de ver cómo la destrucción y muerte sembradas en varios países, en nombre de la “libertad y la democracia”, dos palabras prostituidas y vaciadas de contenido, terminan justificando el asesinato y es festejado como si se tratase de un acontecimiento deportivo.
Indignación por la actitud de sectores de la población de los EE.UU., de jefes de Estado europeos y de otros países que salieron a apoyar el asesinato de Bin Laden, ordenado por tu gobierno y tu complacencia en nombre de una supuesta justicia.
No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda; el objetivo fue asesinarlo.
Los muertos no hablan, y ante el miedo a que el ajusticiado pudiera decir cosas no convenientes para los EE.UU., la salida fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla.
Cuando te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, del cual somos depositarios, te envié una carta que decía: “Barack, me sorprendió mucho que te hayan otorgado el Nobel de la Paz, pero ahora que lo tienes debes ponerlo al servicio de la paz entre los pueblos; tienes toda la posibilidad de hacerlo, de terminar las guerras y comenzar a revertir la grave situación que vive tu país y el mundo”.
Sin embargo has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Irak y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak. Nada de eso has logrado hacer; por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la OTAN y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y está sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes.
La base fundacional de la ONU es la defensa y promoción de la paz y dignidad entre los pueblos. Su preámbulo dice: “Nosotros los pueblos del mundo…”, hoy ausentes de ese alto organismo.
Quiero recordar a un místico y maestro que tiene en mi vida una gran influencia, el monje trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, Tomás Merton, quien dice: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas. Sin esa limpieza doméstica no podemos comenzar a ver. Si no vemos no podemos pensar”.
Eras muy joven Barack durante la Guerra de Vietnam; tal vez no recuerdes la lucha del pueblo norteamericano por oponerse a la guerra.
Los muertos, heridos y mutilados en Vietnam hasta el día de hoy sufren sus consecuencias.
Tomás Merton decía –frente a un matasellos del correo que acababa de llegar, The U.S. Army, key to peace, “El ejército estadounidense, clave de la paz”–: ningún ejército es clave de la paz. Ninguna nación tiene la clave de nada que no sea la guerra. El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumentan los hombres el poder militar, más violan la paz y la destruyen.
He compartido y acompañado a los veteranos de guerra de Vietnam, en particular a Brian Wilson y sus compañeros, quienes fueron víctimas de esa guerra y de todas las guerras.
La vida tiene ese no sé qué de lo imprevisto y sorprendente, de la fragancia y belleza que Dios nos dio para toda la humanidad y que debemos proteger para dejar a las generaciones futuras una vida más justa y fraterna; restablecer el equilibrio con la Madre Tierra.
Si no reaccionamos para cambiar la situación actual de la soberbia suicida, arrastrando a los pueblos a recovecos profundos donde muere la esperanza, será difícil salir y ver la luz. La humanidad merece un destino mejor.
Sabes que la esperanza es como el loto que crece en el fango y florece en todo su esplendor mostrando su belleza. Leopoldo Marechal, ese gran escritor argentino, decía que “del laberinto se sale por arriba”.
Y creo, Barack, que después de seguir tu ruta equivocando caminos, te encuentras en un laberinto sin poder encontrar la salida y te entierras más y más en la violencia, en la incertidumbre, devorado por el poder de dominación, arrastrado por las grandes corporaciones, el complejo industrial militar, y crees tener el poder que todo lo puede y que el mundo está a los pies de los EE.UU. porque impone la fuerza de las armas, e invades países con total impunidad. Es una realidad dolorosa, pero también existe la resistencia de los pueblos que no claudican frente a los poderosos.
Son tan largas las atrocidades cometidas por tu país en el mundo que daría tema para largo, es un desafío para los historiadores que tendrán que investigar y saber de los comportamientos, política, grandeza y pequeñeces que han llevado a EE.UU. al monocultivo de las mentes que no le permite ver otras realidades.
A Bin Laden, supuesto autor ideológico del ataque a las Torres Gemelas, lo identifican como el Satán encarnado que aterrorizaba al mundo y la propaganda de tu gobierno lo señalaba como el “eje del mal”, y eso le ha servido para declarar las guerras deseadas que el complejo industrial militar necesita para colocar sus productos de muerte.
Sabes que investigadores del trágico 11 de septiembre señalan que el atentado tiene mucho de “autogolpe”, como el avión contra el Pentágono y el vaciamiento anterior de las oficinas de las Torres; atentado que dio motivo para desatar la guerra contra Irak y Afganistán y ahora contra Libia; argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo hacen para salvar al pueblo, en nombre de “la libertad y defensa de la democracia”, con el cinismo de decir que la muerte de mujeres y niños son “daños colaterales”. Eso lo viví en Irak, en Bagdad con los bombardeos a la ciudad y el hospital pediátrico, y en el refugio de niños que fueron víctimas de esos “daños colaterales”.
La palabra vaciada de valores y contenido, por lo que al asesinato lo llamas muerte y dices que por fin EE.UU. ha “muerto” a Bin Laden. No trato de justificarlo bajo ningún concepto, estoy en contra de todo terrorismo, tanto de esos grupos armados, como del terrorismo de Estado que tu país ejerce en diversas partes del mundo apoyando a dictadores, imponiendo bases militares e intervenciones armadas, ejerciendo la violencia para mantenerse por el terror en el eje del poder mundial. ¿Hay un solo “eje del mal”? ¿Cómo lo llamarías?
¿Será por ese motivo que el pueblo de los EE.UU. vive con tanto miedo a las represalias de quienes llaman el “eje del mal”? El simplismo e hipocresía de justificar lo injustificable.
La paz es una dinámica de vida en las relaciones entre las personas y los pueblos; es un desafío a la conciencia de la humanidad; su camino es trabajoso, cotidiano y esperanzador, donde los pueblos son constructores de su propia vida y de su propia historia. La paz no se regala, se construye, y eso es lo que te falta, muchacho: coraje para asumir la responsabilidad histórica con tu pueblo y la humanidad.
No puedes vivir en el laberinto del miedo y la dominación de quienes gobiernan los EE.UU., desconociendo los tratados internacionales, los pactos y protocolos, de gobiernos que firman pero no ratifican nada y no cumplen ninguno de los acuerdos, pero hablan en nombre de la libertad y el derecho.
¿Cómo puedes hablar de la paz si no quieres cumplir con nada, salvo los intereses de tu país?
¿Cómo puedes hablar de la libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes, en Guantánamo, en los EE.UU., en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib, y en Afganistán?
¿Cómo puedes hablar de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos cuando los violas permanentemente y bloqueas a quienes no comparten tu ideología y deben soportar tus abusos?
¿Cómo puedes enviar fuerzas militares a Haití después del devastador terremoto y no ayuda humanitaria a ese sufrido pueblo?
¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos del Medio Oriente y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangran a los palestinos e israelíes?
Barack: mira para arriba de tu laberinto, puedes encontrar la estrella que te guíe, aunque sepas que nunca podrás alcanzarla, como bien lo dice Eduardo Galeano.
Busca ser coherente entre lo que dices y haces, es la única forma de no perder el rumbo. Es un desafío de la vida.
El Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, nunca para la vanidad personal.
Te deseo mucha fuerza y esperanza, y esperamos que tengas el coraje de corregir el camino y encontrar la sabiduría de la paz.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2011
Un día como hoy, hace 34 años, volví a la vida; tuve un vuelo de la muerte durante la dictadura militar argentina apoyada por los EE.UU., y gracias a Dios sobreviví y tuve que salir
por arriba del laberinto de la desesperación,
y descubrir en las estrellas el camino para poder decir, como el profeta: “La hora más oscura es cuando comienza el amanecer”.
domingo 8 de mayo de 2011
miércoles 20 de abril de 2011
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