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Alentando la impunidad institucional

¿Quién es Ernestina Asencio? Era una anciana nahoa de la sierra de Zongolica, en Veracruz. Tenia setenta y cinco años hasta el 26 de febrero de 2007, fecha en que murió. Ernestina en su necropsia encontró que tenía la cabeza estrellada y las entrañas sangrándole. Ella murió de "daño craneoencefálico y hemorragia debida a perforación del intestino". A Ernestina la violaron cuatro soldados la golpearon con salvajismo, la violaron multitudinariamente y la dejaron. Antes de morir en el camino a Rio Blanco, pudo acusar a los culpables: "Fueron los soldados, hija". En menos de un mes, Los Pinos logró que la víctima se convierta en cómplice de su propia muerte por “anemia” y males “gastrointestinales”, y los medios de comunicación más oficiosos decidieron no investigar. La CNDH de José Luis Soberanes perdió el poco prestigio que le quedaba al prestarse a un juego de intriga y complicidad palaciega y olvidarse que la comisión fue creada para defender a los ciudadanos más débiles, no las apreciaciones presidenciales. La institución del Ejército reaccionó ante el caso como si se tratara de una acusación que involucrara a todo el alto mando y, en lugar de apoyar una investigación creíble y respetuosa, como al inicio la propia Sedena acreditó, ahora lo pervirtió al tomarlo como si fuera una ofensa institucional.

El presidente Felipe Calderón, dictó la “línea” que sus voceros debían seguir, arrastrando en la infamia a la directora de Inmujeres, María del Rocío García Gaytán, quien se aventó la infamia de decir que las últimas palabras de Ernestina Ascencio, al ser pronunciadas en náhuatl y moribunda, no tienen el crédito de una denuncia. En declaraciones a la prensa, publicadas el sábado 31 de marzo, García Gaytan justificó así lo dicho por Calderón en La Jornada: “El es el presidente; tiene información privilegiada, tiene que estar enterado, y no es sospechoso de que haya adelantado un dictamen”.

Este es el panorama que va quedando en el olvido, a través de un recuento de los sucesos podemos darnos cuenta de como en este México, se alienta en grado sumo la impunidad institucional.

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