A veces me pregunto, en medio de este cansancio histórico que parece dominar nuestro tiempo, si todavía tiene sentido hablar de esperanza. Slavoj Žižek, en su próximo libro Signs from the Future, describe nuestra época como un “punto cero”: un interreno donde lo viejo se desmorona y lo nuevo no termina de nacer. En ese vacío, la esperanza no aparece como una luz brillante, sino como una pequeña ilusión, frágil y terca, casi incómoda. No se trata de optimismo. El optimismo hoy suena casi cínico. Sabemos que las tendencias son preocupantes: la crisis ecológica avanza, la desigualdad se profundiza, la izquierda está fragmentada y el capitalismo ha aprendido a ofrecernos placer en nuestra propia alienación (ese surplus-enjoyment del que habla Žižek). Seguir como hasta ahora no es una opción neutral; es una apuesta segura por el desastre. Por eso Žižek recupera la apuesta existencial de Pascal, pero la trae al terreno político y materialista. Pascal decía que, ante la incertidumbre, er...