Ir al contenido principal

La pequeña ilusión de esperanza: una apuesta incómoda

 A veces me pregunto, en medio de este cansancio histórico que parece dominar nuestro tiempo, si todavía tiene sentido hablar de esperanza. Slavoj Žižek, en su próximo libro Signs from the Future, describe nuestra época como un “punto cero”: un interreno donde lo viejo se desmorona y lo nuevo no termina de nacer. En ese vacío, la esperanza no aparece como una luz brillante, sino como una pequeña ilusión, frágil y terca, casi incómoda.

No se trata de optimismo. El optimismo hoy suena casi cínico. Sabemos que las tendencias son preocupantes: la crisis ecológica avanza, la desigualdad se profundiza, la izquierda está fragmentada y el capitalismo ha aprendido a ofrecernos placer en nuestra propia alienación (ese surplus-enjoyment del que habla Žižek). Seguir como hasta ahora no es una opción neutral; es una apuesta segura por el desastre.

Por eso Žižek recupera la apuesta existencial de Pascal, pero la trae al terreno político y materialista. Pascal decía que, ante la incertidumbre, era más razonable apostar por Dios. Nosotros, sin Dios, tenemos que apostar por la posibilidad —por débil que sea— de un futuro distinto. No porque tengamos garantías, sino porque la alternativa es inaceptable.

Sin embargo, esta apuesta tiene un costo alto. Exige una destitución subjetiva: renunciar a ese pequeño goce que obtenemos criticando el sistema mientras seguimos participando cómodamente en él. Significa pasar del deseo (siempre esperando que algo cambie) al drive: una insistencia terca, incluso cuando no hay motivos para el entusiasmo.

Como decía Marx en su Tesis 11, ya no basta con interpretar el mundo de formas cada vez más sofisticadas. Hay que transformarlo. Pero esa transformación, en 2026, ya no se sostiene en grandes narrativas históricas inevitables. Se sostiene en una decisión personal y colectiva, tomada casi a ciegas.

Yo no sé si esta pequeña ilusión será suficiente. Probablemente no lo sea. Pero me parece que es lo único honesto que nos queda: actuar como si valiera la pena intentarlo, sabiendo perfectamente lo difícil que es. Una esperanza mínima, realista y sin adornos....."No se trata de tener esperanza sino tratar de seguir actuando aunque no haya esperanza"



Comentarios

Entradas populares de este blog

REDES: CENTRALIZADAS, DESCENTRALIZADAS Y DISTRIBUIDAS

En este tiempo en que el posicionamiento de Facebook causa inquietud, vale la pena recordar las diferencias entre sistemas centralizados, redes descentralizadas y redes distribuidas. Un sistema centralizado consiste en traspasar la información (o las ordenes) desde un único punto. Un ejemplo clásico sería el de la televisión. La información se emite desde un único punto y los receptores (antes se llamaban así a los aparatos de televisión) reciben la información que quieren dar desde ese punto central. Un sistema descentralizado consiste en tener una estructura de nodos donde la información funciona tipo árbol. Desde el centro se emiten informaciones y esas informaciones son recibidas por unos nodos intermedios, de tal forma que esos nodos intermedios pueden o no emitir esa información hacia los receptores finales. El ejemplo sería el de la iglesia, donde desde un poder central (El Vaticano) , se emite información que se recibe en las parroquías y en cada una de ellas se vuelve a emit...

El Miedo mediático nos esta desensibilizando

  Cada día, al encender la televisión o abrir una app de noticias, nos bombardean con titulares que gritan caos: desastres naturales, conflictos políticos, crisis sanitarias. Estas historias, a menudo infladas con sensacionalismo, buscan captar nuestra atención a toda costa, pero qué nos están haciendo como sociedad? Creo que esta exposición constante al miedo nos está desensibilizando, apagando nuestra capacidad de reaccionar con empatía y acción frente a los problemas reales. El mecanismo es claro: el miedo vende. Un titular que exagera una crisis o un rumor sin verificar se propaga como pólvora, especialmente en redes sociales donde los algoritmos premian lo que nos hace reaccionar al instante. Pero cuando todo es una "catástrofe inminente", nuestra mente empieza a desconectarse. Es como si, de tanto escuchar sirenas, dejáramos de prestarles atención. Este fenómeno se parece a la desensibilización sistemática que se usa en tratamientos psicológicos para tratar fobias, per...

La banalidad del sufrimiento en Gaza

  Cuando pienso en lo que está pasando en Gaza, no puedo evitar recordar lo que Hannah Arendt nos advirtió en Eichmann en Jerusalén  la “banalidad del mal”. Ese mal que no siempre proviene de monstruos crueles, sino de la rutina, de la obediencia ciega y de la costumbre que nos lleva a aceptar lo inaceptable. Hoy, me estremece ver cómo esa banalidad se traduce en la normalización de la muerte palestina. Los reportes de niños y ancianos muriendo por desnutrición o esperando ayuda humanitaria ya no parecen conmover al mundo; se leen como simples cifras en un comunicado, como si fueran parte de un trámite más. Arendt nos mostró que este mal no es necesariamente radical ni sádico, sino cotidiano, repetitivo, burocrático. En Gaza, lo veo reflejado en bombardeos que destruyen barrios enteros, en bloqueos que condenan a generaciones a la hambruna, en una maquinaria que convierte vidas inocentes en “daños colaterales”. Y lo que más duele es esa indiferencia global que termina por leg...