domingo, 16 de agosto de 2009

INDIVIDUALIZACIÓN A LA MANERA NO LINEAL

Resúmen del prefacio de Scott Lash al libro "Individualización" de Ulrich Beck


La "sociedad del riesgo" de Ulrich Beck, y –para el caso- la teoría de la "modernización reflexiva", se caracteriza principalmente por dos tesis: la tesis medioambiental (o la "tesis del riesgo") y la "tesis de la individualización". Desde mediados de los años ochenta, la obra de Beck se viene entendiendo en Alemania desde una especie de equilibrio entre estas dos tesis.
En este libro se apuesta por una noción de individuo y un proceso de "hacerse individuo" que es claramente de una galaxia muy distinta al moderno individualismo posesivo y egotista, y al moderno liberalismo global del libre mercado. Una noción del individuo que es también básicamente distinta del individualismo ético y altruista de la Ilustración. En efecto, el individualismo de la Ilustración tiene más que ver con "ser individuo" que con "hacerse individuo". Y ello, porque según Beck, el individualismo de la Ilustración tiene lugar en la que es la "primera modernidad" o la "simple modernidad", mientras que el individualismo que se baraja en este libro es un fenómeno de la "segunda modernidad" o "modernidad reflexiva".
Si la primera modernidad se basa predominantemente en una lógica de estructuras, la segunda –de hacer caso a Manuel Castells- implica una lógica de flujos. Las nociones de Beck acerca de las consecuencias no queridas, del conocimiento siempre incompleto, no de la irracionalidad sino de una racionalidad que se muestra para siempre indeterminada, se encuentra a gusto dentro de la lógica de los flujos. La crónica indeterminación en Beck del riesgo y de la asunción de riesgos, de vivir con el riesgo, encaja no tanto con la determinación de la estructura como con la determinación parcial y elusiva del flujo.

¿Que puede significar la individualización y el individualismo en la era de los flujos?

En la fase transitoria que va de la sociedad tradicional del "antiguo régimen" a la primera modernidad, se da un periodo de anomia, de desarraigo, hasta que la modernidad industrial desarrolla sus propias normatividades, y el clásico individualismo de la Ilustración se vuelve rutinario (el individualismo institucionalizado de la propiedad, el contrato, la familia burguesa, la sociedad civil).
La misma suerte de proceso se ventila en la transición de la primera modernidad industrial, a la "modernidad informacional". Al principio, había un individualismo anómico. Lo que dice Beck, es que tras la transición a la modernidad "reflexiva" el nuevo individualismo no se vuelve rutinario. Incluso en su fase madura, es una libertad indeterminada, arriesgada y precaria.
Tanto Habermas como Giddens, que tenían claras afinidades con el marxismo, hicieron un hincapié especial en la importancia de "la agencia", en contraste con "la estructura".
En Beck domina una noción decididamente no lineal del individuo y la individualización. En la primera modernidad o "modernidad de la estructura", la sociedad está concebida como un sistema lineal. El sistema social de Talcott Parsons es uno de estos sistemas lineales. Los sistemas lineales tienen puntos de equilibrio separados, y sólo unas fuerzas externas pueden perturbar este equilibrio y conducir a un cambio de sistema. La individualización reflexiva de la segunda modernidad presupone la existencia de sistemas no lineales; el desequilibrio del sistema y el cambio son inducidos internamente mediante bucles de retroalimentación. Son sistemas abiertos. Ocurre que el bucle de retroalimentación pasa a través del individuo. Ahora, la individualización es al mismo tiempo desestabilización del sistema. Los sistemas
complejos no se reproducen simplemente; cambian. El individuo es el punto de tránsito para las consecuencias no queridas que conducen al desequilibrio del sistema.
El individuo de la primera modernidad es reflectivo, mientras que el de la segunda modernidad es reflexivo. El concepto de reflectivo pertenece a la filosofía de la conciencia de la primera modernidad. Y, para ser justos, Habermas fue uno de los primeros en darse cuenta de esto.
Reflexionar es, en cierto modo, subsumir el objeto bajo el tema de conocimiento. La reflexión presupone el conocimiento apodíctico y la certidumbre. Presupone un dualismo, una actitud científica en la que el sujeto está en un solo ámbito, y el objeto de conocimiento en otro. Desde el principio, la obra de Beck ha dado por supuesta una crítica de dicho conocimiento objetivista, una crítica de dichos dualismos, ya sean cartesianos o kantianos.
Para Beck, como también para la fenomenología, el individuo cognoscente ya estaba en el mundo junto con los objetos de su conocimiento. Este sujeto solo podía captar ciertas partes del objeto, en relación con la actitud constituida por el interés del conocedor. Así, la objetividad del individualismo de la simple modernidad, es sustituida por la intencionalidad del conocimiento en la segunda modernidad. Esta intencionalidad se encuentra en una fase central en su libro "La sociedad del riesgo", actualmente emparentada con la problemática ecológica.
El sujeto cartesiano de la simple modernidad, de las "Meditaciones metafísicas" de Descartes, es reflexivo, como lo es también el sujeto kantiano del juicio determinado. Beck describe al individuo no lineal de hoy no en términos de "pienso, luego existo", sino simplemente en términos de "existo". "Pienso, luego existo" tiene que ver con la reflexión. "Existo" tiene que ver más con el reflejo. Y Beck a menudo trabaja a partir del contraste entre "reflejo" y "reflexión". Lo reflexivo, según él, tiene mas que ver con el reflejo que con la reflexión. Los reflejos son indeterminados. Son inmediatos. No subsumen en ningún sentido. Los reflejos hacen frente a un mundo de velocidad y de rápida toma de decisiones. Beck dice que el individuo contemporáneo está caracterizado por la elección, mientras que las generaciones anteriores no podían hacer tales elecciones. Lo que Beck calla a menudo, es que este individuo debe elegir de prisa, debe –como un reflejo- tomar decisiones rápidas. Los individuos de la segunda modernidad no toman suficiente distancia reflexiva consigo mismos para construir biografías lineales y narrativas. Deben contentarse, como lo ha señalado Ronald Hitzler, con biografías de bricolaje, en el sentido de Lèvi-Strauss.
Este individuo no lineal puede desear ser reflexivo, pero no tiene ni tiempo ni espacio para reflexionar. Es un combinard: combina redes, realiza alianzas, cierra
tratos. Debe vivir, está obligado a vivir, en un ambiente de riesgo en el que el conocimiento y los cambios vitales son precarios.
Así pues, ¿qué es lo que está en juego realmente?
La segunda modernidad, con su individualismo no lineal, es el resultado de la retirada de las instituciones clásicas (el Estado, la clase, la familia nuclear, el grupo étnico). Los roles, que en la primera modernidad reproducían individuos y sistemas lineales, han sido ahora transgredidos. Sin embargo, el resultado no es la desaparición del sujeto, ni una irracionalidad general. El sujeto de hoy, que se relaciona más con instituciones fragmentadas, ha pasado de la posición de reflexión a la de ser reflexivo. Sin embargo, este sujeto está tan constantemente en movimiento que tiene poco sentido hablar de una posición de sujeto. El sujeto sigue estando con nosotros, al igual que el conocimiento. Sólo que es un conocimiento de incertidumbre. Lo que tenemos ahora no es un no-conocimiento o una anti-razón. En efecto, el individuo reflexivo moderno ha recibido una educación más completa, sabe más cosas que nunca. Lo que ha cambiado es el tipo
de conocimiento en cuestión. Es de por sí precario en cuanto que es distinto del conocimiento cierto, y el objeto de dicho conocimiento es también incierto; en el mejor de los casos probabilístico.
En esta segunda modernidad, se han resituado un buen número de propiedades, funciones y actividades anteriormente atribuibles al Estado-Nación, al Estado del bienestar, a la empresa jerárquica, a la familia y a los sindicatos centralizados. Algunas de ellas se han desplazado extensivamente a instancias globales, mientras que otras se han desplazado intensivamente al individuo, a la subjetividad consciente o inconsciente, a instancias privadas en todos los sentidos de la palabra.
En la primera modernidad, el individuo estaba constituido en consonancia con una serie de roles dentro de una variedad de instituciones. En la actualidad, estas instituciones están en crisis, y muchas funciones que en otro tiempo tenían lugar en la interfaz institución-individuo, están teniendo lugar actualmente de una manera más intensa y más próxima al individuo. Lo que ha ocurrido es que se ha producido una "desnormalización" de roles.
Los roles de la primera modernidad dependieron en gran medida de lo que Kant denominó un juicio determinado; a saber, en la prescripción, en unas reglas determinadas.

En nuestros días, el individuo debe ser más bien buscador de reglas. El juicio determinado ha sido sustituido por el "juicio reflexivo". El juicio "reflexivo" no es reflexión porque hoy no existe ningún universal que subsuma lo particular. En el juicio "reflexivo" el individuo debe buscar la regla. El juicio reflexivo es siempre una cuestión de incertidumbre, de riesgo, pero también deja la puerta abierta a la innovación.
¿Qué tipo de instituciones pueden regular a un individuo cuyos rasgos diferenciales estriban en el no estar determinados por las normas de las instituciones? Aquí está en juego un individuo que no es tanto anónimo como autonómico. La gobernancia de los flujos de la segunda modernidad siempre va a ser muy diferente que la gobernancia de las estructuras de la primera modernidad.
Tal vez, las instituciones que están en juego en la segunda modernidad son las que regulan la exclusión. En mi opinión, un gran número de las instituciones que caracterizan a la segunda modernidad, tienen actualmente no solo carácter social, sino también sociotécnico. Esto se compagina perfectamente con la tecnologización de la tesis de la ciencia, tan importante en la obra de Beck. De entre todas las instituciones sociotécnicas que rigen las relaciones de poder contemporáneas, son -para mí- fundamentales las plataformas, los sistemas operativos, los protocolos de las comunicaciones, los estándares, la propiedad intelectual, y otras instituciones por el estilo.

La segunda modernidad está regulada por un entrelazamiento, extraordinariamente poderoso, de sistemas sociales y técnicos, o más precisamente, por sistemas sociotécnicos. Es en la interfaz entre lo social y lo técnico donde encontramos al individuo de la segunda modernidad. Es en esta interfaz donde obtenemos la precaria libertad de una "vida propia".
El individuo de la segunda modernidad es un individuo profundamente sociotécnico.